Blogger Template by Blogcrowds.

Mostrando entradas con la etiqueta Cartas que nunca envié. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cartas que nunca envié. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de noviembre de 2012

Smoke gets in your eyes

Nunca te lo había contado pero, entre todos los recuerdos triste y felices, hay uno al que le tengo especial cariño y con el que -no sé por qué- llevo soñando una temporada.
 Yo tendría unos cinco o seis años y papá y tú os arreglabais para ir a una de aquellas cenas con los compañeros del trabajo. Estabas peinada, maquillada y en combinación mientras te dabas el último vistazo al espejo del cuarto de baño. (¡Oh, sí! es una estampa taaan sesentera...). Y entonces lo recordaste: sacar del cajón el paquete de Dunhill mentolados que papá te había traído en su último viajes a Canarias.
 Tú no fumabas de forma habitual y estoy casi segura que ni siquiera te tragabas el humo, pero los exquisitos cigarrillos verdes de dorada boquilla eran el complemento perfecto para las fiestas. Así que pusiste la caja esmeralda junto al bolso.
 Aunque la insistencia infantil puede ser un arma de convicción terrible: sacaste un pitillo y te pusiste a fumar. Recuerdo con cariño como el sofisticado aire de femme fatale se evaporó cuando guiñaste los ojitos y parpadeaste rápidamente para no estropear tu maquillaje. Y una sonrisilla infantil iluminó tu cara.

 Así que con permiso de las violetas de Cecilia y en flagrante delito (sí, ya sé que tu canción favorita era "Only you")esta es la canción que me viene más a la cabeza cuando tu recuerdo me abruma.

  ...Now laughing friends deride 
 Tears I cannot hide 
 So I smile and say 
 When a lovely flame dies
 Smoke gets in your eyes...

Feliz cumpleaños, mamá.

viernes, 6 de febrero de 2009

Amor en grado de tentativa


No era tan ingenua como para afirmar que el dolor acabaría después del "Y comieron perdices", pero ni en sus peores horas pudo imaginar que sería de esta manera.

Siempre había sido bastante complaciente, pero no en la acepción mártir del asunto. No. Ella era feliz adaptándose a una situación que no le exigía un esfuerzo excesivo y que le parecía lo bastante buena como para sostenerla durante más de diez años.

Pero la madurez no sincroniza su llegada con el Tiempo.
Ella -sentimental y apegada a un clan tradicional -empezó a soñar con sentar la cabeza, formar una familia, encanecer a su lado y sostenerse mutuamente, mientras él -hedonista en plena crisis de los cuarenta - intentaba revertir los efectos de la edad a base de gimnasio, ropita pija, cabello a la moda y sobre todo con ese determinación a aferrarse a una vida de nocturnidad y alevosía que ya apenas recordaba.
Ella deseaba algo que él no estaba dispuesto a concederle si eso suponía compromiso, pérdida de su libertad y responsabilidades. Ella necesitaba cubrir sus necesidades de afecto y autorrealización. Él sólo pensaba en la siguiente escapada.

Quizá fueron las exigencias, quizá la rutina también influyó. A lo mejor él redescubrió la emoción de nuevas ilusiones a las que hace mucho que había renunciado... Y un buen día la conversación civilizada acabó en llantos.
Los ruegos dieron paso a las acusaciones y éstos, a los reproches. Y lo que parecía sólido se desmoronó.

Se tomaron un tiempo para reflexionar; ella tuvo muy claro que estaba dispuesta a perdonar cualquier cosa por salvar lo que consideraba el amor de su vida. Él, escudándose en la preocupación por la distancia a la que se habían autoimpuesto, no fue capaz de tomar una decisión.
Ella sólo le pide que reflexione y sea consecuente con el compromiso que elija. Él sólo desea disfrutar de la vida.

De momento, se encuentran en pleno receso.
Temiendo estoy que llegue la hora del veredicto.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Carta Triste de Navidad


Querido Papá Noel:
Me pegunto si tú sabes lo que significa sentirse solo y abandonado. Si alguna vez las personas te han hecho daño cuando nadie quiere hablar contigo. Si se han reido de tí porque no te gusta jugar a lo mismo que juegan los demás.
Quiero pedirte un favor. Me gustaría que le escribieras a los Reyes Magos una carta por mí y que les digas que este año no necesito regalos, sino un amigo con el que poder hablar y no sentirme tan sola.
Estoy segura de que a tí te harán más caso.
Muchas gracias.
M.


Esta carta me ha roto el corazón.
M tiene 11 años, un coeficiente intelectual destacado y sufre aislamiento y maltrato en el colegio.
M es introvertida, muy inteligente y un poco infantil.
A los tres años ya sabía leer y siempre la recuerdo sentada en un sillón, abstraida y con un libro en las manos. A los cuatro, estudiaba inglés. A los ocho, solfeo.
Ha tratado de integrarse en el colegio, pero el sistema no favorece a las personas diferentes. La apatía de los profesores agrava el problema y las cosas han llegado a un punto en el que M ha lanzado un grito de ayuda.

Afortunadamente mi niña cuenta con una familia increible, con un puñadito de amigos extraescolares y con la esperanza del cambio.

Sé que esto pasará; muchos hemos vivido maltrato infantil en uno u otro grado y somos legión los que hemos salido indemnes.
Pero saber que un niño sufre...

sábado, 29 de noviembre de 2008

Miedo y Dolor


Dando mi acostumbrado paseo con visita de cortesía incluida por algunos de los blogs de la gente que más me gusta me topé con una definición de Chusa sobre la felicidad: es la ausencia de enfermedad en las personas que amamos.

Y yo, que he conocido reiteradamente y de primerísima mano lo que es el dolor por el sufrimiento y la pérdida de un ser amado, he recordado las palabras de C.S. Lewis que escribió como principio de su obra "Una pena observada":
Nunca me habían dicho que la pena podía parecerse tanto al miedo...

Lewis escribió cuatro cuadernos como una forma de desahogar su pena por la muerte de la que fue su esposa durante cuatro años y que sucumbió a un cáncer terminal.
Algunos estudiosos del autor han querido encontrar en esta obra propaganda cristiana.
Y yo no sé si están bien encaminados, pero la verdad es que no me importa. Porque tantas y tantas veces he cogido las palabras de Jack (como gustaba que le llamaran sus amigos) y las he hecho mías, apaciguando el temor y la pena interminables que siguen a la pérdida de alguna vida cercana.

Siempre he tratado de no sentir autoconmiseración. Y creo que puedo decir con orgullo que he sido fuerte. Mi rol de sostén familiar no me ha concedido muchas oportunidades de derumbarme, y las escasas ocasiones en que he perdido el norte he recuperado rápidamente la lucidez.

Ahora una ligera inquietud está rondándome. No se trata del temor sano por pequeñas cuestiones de salud, física o espiritual, sino la percepción de un nuevo dolor del que no sé si seré capaz de recuperarme íntegra.
Quizá esté abusando de las creencias premonitorias (aunque no sería la primera vez que las veo venir), o a lo mejor sólo es una forma de prepararme para lo que a la larga es inevitable, pero tengo un dolor en el corazón.

Por lo pronto, he propuesto grandes planes para estas navidades. quiero disfrutar y hacer que disfruten. Y si fuera la última reunión de todos sin excepción que la recordemos no sólo con dolor, sino también con la felicidad que da saber que el amor que se da también es correspondido.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Un Ramito de Violetas

Cada nueve de Noviembre...



Feliz cumpleaños, allá donde estás.

sábado, 23 de agosto de 2008

Un Beso y Una Flor


¡Hola, mamá!
Y henos aquí, un año más, como mandan los cánones.
Aunque tú sabes perfectamente que no necesitamos convencionalismos, ni ritos o presunto consuelo para recordarte. Que te vemos en la risa de las niñas, en los bailes, en ciertas comidas que nunca te salieron bien, en tus plantas, en tus amigos, en papá...

"De día viviré pensando en tu sonrisa" decía la canción. Y tu sonrisa me basta para recordarte a diario.
Así es como me gusta hacerlo: en los detalles minúsculos, en los recuerdos íntimos, en las largas charlas familiares, donde sigues brillando.

Hola, mamá. Hasta luego, hasta siempre.

P.S.¡Se me olvida! Tengo tus nardos.


¿Quieres oirla?
Sé que siempre te gustó.

martes, 1 de abril de 2008

Kiss


¿What's in a kiss? cantaba el poeta. Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez. Besos, besos a tutiplen. Entrañables, cariñosos, enamorados, fraternales... Besos de ida, besos de vuelta. Besos de despedida y besos que golpean el corazón. If you wanna know if he loves you so it's in his kiss! El mejor beso del mundo: dame un bezito de hada, tita. ¡No! mejor de maripoza. ¿Zabez el de ezquimal? ¡Ay! Que te como a besos.
Besos con babas, con sabor a café, con ese pitillo que dejaste olvidado... Besos de mármol, el último beso. Besos a dos carrillos. Un beso en la coronilla a traición. Besos con sabor a nostalgia, con olor a nuevo, con color de sol... Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso...yo no sé qué te diera por un beso. Besos robados, besos mágicos. Con lengua. Beso de Judas. De Blancanieves... ¡Bésame antes de morir! Castos, lujuriosos ¿Adónde irán los besos? Y luego, por la noche, hoy me den más besos pa cenar.


¿Quieres oirla?

lunes, 25 de febrero de 2008

My Guardian Angel


Hoy, mamá, estoy nerviosa.
Ya sabes que yo suelo ser valiente, y aguanto bien el dolor, pero cada vez llevo peor eso de preocupar a papá.
Una quisiera envolver en una burbuja protectora a aquellos a los que ama, alejarlos de cualquier mal, de cualquier desasosiego, de la angustia...y no es jactancia, pero ya sabes que se me da muy bien. Excepto cuando soy yo la causa de sus desvelos.

Supongo que no necesitas que te lo diga, pero últimamente no duerme bien. Cada hijo es una alarma nuclear permanentemente conectada, y las de sus dos espinitas no paran de lanzar sus estridentes sonidos a la noche. Y la del Tete por partida doble.
Aún es temprano, creo, pero la espera de su llamada se une al gusanillo propio que esta noche no me va a dejar descansar.

Hoy, mamá, te pido que vuelvas a arroparme como cuando era pequeña. Que me des tiempo para esconder la cabeza bajo la manta antes de apagar la luz, y me muestres el sitio donde vela mi ángel, que estoy segura que tiene tu rostro.

¿Quieres oirla?

domingo, 6 de enero de 2008

Wisemen


Majestades, Excelencias

¿Cómo comenzar esta carta sin utilizar el previsible "este año he sido buena".
No, yo no lo he sido. Ni mala tampoco, no al menos más de lo habitual. Y quizá por eso, este año he recibido taaaantas cosas...
¡Uf! Desde luego que ha sido un año excepcional, lleno de contradicciones. Un año donde he tenido la suerte de vivir uno de los momentos más maravillosos de mi vida, y a la vez donde estoy pasando las horas más negras.
He compartido dichas, penas, secretos y bromas...Me he reido y he llorado.
He conocido gente excepcional, y "excepcional". He besado a don Arturo (¡guauuuu!) y he sido recompensada de una mirada de Viggo (aunque ya no me dura el hematoma que conseguí por su culpa).
He descubierto amigos maravillosos, y he perdido otros. He saludado emocionada a gente a la que nunca había visto y he dejado escapar el mejor abrazo. He viajado como nunca.
He tenido grandes alegrías y grandes decepciones. Y he sufrido mucho.

Este año, Majestades, no deseo pedir nada. Esta carta es para dar las gracias, por todo y a pesar de todo. Para decir que sigo aquí, y que aquí pueden encontrarme. Para lo que se les ofrezca.

P.S. Si me permiten, una única petición: Qué este año que entra sea al menos como el que se va. Con eso me conformo.


Hace justo un año que escribí esta carta a los Reyes, llena de miedos, de esperanza, de dolor. Y es justo reconocer que Sus Majestades tuvieron a bien reconocerme algunos de mis méritos.
He crecido, mucho, en madurez, en fortaleza, en autoestima...
He sufrido derrotas y decepciones, sí. Pero me he llevado vivencias de gente maravillosa que nunca se borrarán de mi mente.
He reparado viejas uniones y he creado nuevas. He aprendido con placer y humildad.
He satisfecho múltiples caprichos y he tenido que deshacerme de viejos lastres.
Pero sobre todo, he convivido conmigo misma como nunca.
He sido millonaria en cariños y he conocido la bancarrota. He pensado que estaba al salvo y he vuelto a caer en las dudas y el miedo. He tenido confianza y la he perdido.Y he llorado a gente que se fue.

Este año, Majestades, estoy servida.
Pero, si es verdad que pierdo la subvención si no escribo, tengo un deseo: es sobre todo que toda la gente a la que quiero alcance su máxima felicidad. Y si esto no es posible, que me den fuerzas para estar a su lado y sostenerlos hasta dónde me sea posible.

Hasta el año que viene.


Quieres oirla?

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Amor, Curiosidad, Prozac y Dudas

Y miedos, y desengaños, y salidas de tono, y bromas, y ropa, y champú, y sorpresas, y catarros, y paseos, y cocinas, y regalos, y predictor, y tampax, y klinex, y amor de hermanas, y conversaciones, y viajes, y lágrimas, y almuerzos,y quirófanos,y playas, y besos, y horas y horas de cariño.

En mi caja fuerte de los tesoros, vosotras sois lo más valioso.
Os quiero, chicas. Gracias por alegrar mi Navidad.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Sometimes You Can't Make It On Your Own


Queridísima Cris:
Ya tienes 24 años, y un enorme amor por la vida.
Y aunque algunos días sientes que has llegado al límite, allí sigues; luchando, tratando de arañar todas las posibilidades de ser feliz, sin capitular.
Y yo estoy orgullosa de que me dejes estar a tu lado.
Y te quiero, y te admiro más cuando me sorprendes, e incluso compruebo divertida que algunas veces hasta te permitas bromear con las clases de maldad.
Quiero pensar, sé que aún nos quedan muchas horas de conversación. Y me encanta comprobar hasta que punto nos acercan nuestras aficiones, nuestra profesión, nuestro cariño, a pesar de la diferencia generacional.
Muchísimas felicidades en este tu cumpleaños.
No será el último que pasemos juntas.

¿Quieres oirla?

viernes, 26 de octubre de 2007

My favourite things



Mil cajas policromadas. Los imanes de mi frigo.
Las fotos particulares. Aquella tarde contigo.
Los lápices. Mis agendas. Mis direcciones queridas.
Esa prenda. Tus manías.No toser más en la vida.
Los bolsos. Todos mis libros. Una fruta por la calle.
Londres. Lo que te callas. Una puerta que se abre.
Cientos y cientos de pelis. Noches de blanco satén.
Conducir la Manzanita. Arena húmeda en los pies.
Un recuerdo doloroso. Todos aquellos, alegres.
Un regalo. Una rosa. Las ocasiones de verte.
Violetas, morados, púrpuras. Un placer inesperado.
Las velas. Diez kilos menos. Y el trabajo de tus manos.
Horas eternas de guardia. Un paseo por la villa.
El café. El chocolate. Mi ordenador. Y Sevilla.
Mi corona de la Reina. Las canciones de mi vida.
Un Degas, un Modigliani. Mi Aragorn talla gigante. Una herida.
Calles mojadas. El Otoño. El crepúsculo. La Luna.
La sonrisa de tu cara. Un beso. Las aventuras.
Lances de capa y espada. Mil cristales de colores.
El agua, que no me falte.Perfumes y sus olores.
Los hijos que nunca tuve. Mis niñas, mis favoritas.
El bribón del consentido. Y que me llamen Tita.
Mi cascabel de tobillo. Mi pulsera de la suerte.
Dormir toda la noche. Y verte.


¿Quieres oirla?

sábado, 18 de agosto de 2007

Sin tu latido


¡Hola, mamá!
Es curioso, pero anoche me di cuenta de que llevaba muchos días sin pensar en tí.
Será por el ritmo que llevo últimamente, que tú tan bien sabrías apreciar. El caso es que apenas he tenido tiempo de perderme en introspecciones personales.
Pero ahora casi hace tres años que te fuiste.
Y de repente anoche, como una vaharada que te pilla de sorpresa, el dolor de tu recuerdo me volvió a pillar desprevenida.
A veces siento que ya hemos derramado bastantes lágrimas; Otras veces creo que no te hacemos suficiente justicia cuando las ocupaciones cotidianas te trasladan a un plano secundario. Pero no te lo vas a creer, mamá. Eres la persona que con más cotidianeidad me viene a la boca. Cuando no estamos tristes es porque a veces es como si nunca te hubieras ido.
Pero cada vez más a menudo tenemos que sacar a papá de su melancolía.
Ni todo el afecto de sus hijas puede compensar esa brutal separación que lo pilló desprevenido justo cuando empezábais a recuperar la segunda juventud.
¿Sabes que se ha comprado un teléfono móvil nuevo? Pues ha puesto tu foto como salvapantallas. Si, esa en la que pareces una artista de cine y que siempre le ha gustado tanto. Todos los días se queda sin batería de tantas veces que abre el teléfono para mirarte.

En breve nos volveremos a reunir para recordarte. Y haremos un esfuerzo para no hacernos caer en la pena cual fichas de dominó. Ya sabes que a papá nunca le han gustado las manifestaciones afectivas en público. Y hay que dar ejemplo.

¿Qué tal te va por ahí? Imagino que será justo lo que imaginabas, así que supongo que estarás feliz. Cierro los ojos y te veo al lado de tu hijo, abrazándolo por fin. Y pienso que estarás muy ocupada, arreglando un hueco confortable para cuando nos llegue la hora de verte. En ocasiones creo que sigues a nuestro lado, muchas veces siento como si respodieras a mis necesidades.

Ahora tengo que acabar, mamá. La vida sigue y las obligaciones no perdonan.
Pero te veo el día 23, como cada año desde aquel.
Estarías orgullosa de ver cuánta gente se reune para homenajearte.
Tú te lo mereces.

domingo, 24 de junio de 2007

Hay que educar a papá


Ni siquiera sé cómo empezar: una llamada anoche, y todos los arquetipos comienzan a desmoronarse.
El problema consiste en algo tan simple como un móvil nuevo. Pero ¿qué nos pasa con la edad?

Cuando yo tenía tres años, mi padre era ese hombre grande que fumaba en pipa, que nos subía a lo alto de las literas con una sola mano y al que siempre recordaré montando el belén con los brazos de arcilla hasta el codo.

A los diez, estaba orgullosa de él. Mi papá trabajaba en algo que dejaba boquiabiertas a mis amigas, tenía un lenguaje propio que me enseñó y con el que podía presumir.

A los diecisiete era el colega con el que podía discutir, al que ansiaba parecerme y con el que conspiraba para deshacer las prohibiciones de una madre sobreprotectora.

Con el correr de los años, he ido añorando al padre infalible que tenía. Sin embargo, éste de ahora es más cercano, más entrañable en sus errores y en sus dudas.
Hasta ahora, era uno de mis refugios más importantes. No tomaba ninguna decisión sin exponerle mis dudas, sin escuchar sus opiniones, sin saber que me entendía...Pero sobre todo, estaba orgullosa de que mi padre se sintiera orgulloso de mí.

Pero la vida golpea fuerte; el hombre de roca sufre la erosión de los años, los sentimientos, los infortunios...y un día, sin estridencias, sin grandes alharacas, gota a gota, es en mí en quien él se apoya.

Ahora, me he convertido en la madre de mi papá. Y no es que me queje; pareciera que mi rol de Daemeter se creciera con ello. Pero me hace pensar y mucho, la ternura que ahora me inspira esa figura con la que mi madre nos amenazaba para que nos portáramos bien.

Y no son sólo las nuevas tecnologías las que superan a nuestros mayores. El desarraigo de la familia, las horas de soledad, el miedo al futuro incierto a corto plazo...

No pasa nada, papá. Esta tarde, como otras muchas tardes, allí estaré. Aprenderemos juntos a manejar tu móvil nuevo de última generación ( ¿Y para que demonios quieres tú un móvil con bluetooht? ), dejaré que vuelvas a mimarme con la merienda, le daremos un repaso a la familia y añoraremos a los que se fueron, aunque nunca del todo.
Pero sobre todo, papá, ahuyentaremos juntos todos los miedos, como antes, como siempre.

miércoles, 6 de junio de 2007

El Largo Adiós


Te fuiste. Y ni todo mi cariño ni toda mi ciencia pudieron evitarlo.

Hacía veinte años que nos conocíamos.

¿Recuerdas cuánto nos reíamos por entonces? La alegría era nuestro estado habitual, cuando aún no sabíamos lo que nos deparaba la vida.

Estuvimos separadas un tiempo, pero nos volvimos a encontrar. Y por un malhadado giro del destino este último año he sido tu amiga, tu cuidadora, tu enfermera.

Tenías sólo 42 años y un amor maravilloso por la vida. Eras una superviviente nata, pero una enfermedad cabrona consiguió doblegarte.

Ahora estoy segura que por fin has vuelto a ser feliz. Y con todo el corazón deseo y confío en que allá en tu Edén privado vuelvas a tener un ángel que te despierte por las mañanas con un beso.

Compañeros de viaje