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miércoles, 24 de noviembre de 2010

El color ausente de los sueños


Hubiera podido parecer que este verano me había librado de la maldición, pero ha sido una vana ilusión. La lesión, que parecía leve, y que llevo arrastrando todas las vacaciones simplemente ha retrasado su debut y justo empeoró cuando hube de incorporarme al trabajo.
Lo que peor llevo no es el hecho de haberme hecho ilusiones de salir indemne, ni el verme sometida a un encierro forzoso , con una dependencia importante de los demás, ni siquiera el desánimo que me ha apartado de mis actividades favoritas. Lo peor es el dolor, que no cesa ni de día ni de noche y que apenas me permite descansar.
Y precisamente a causa de una de las medicaciones prescritas es por lo que me permito desahogarme un poco en este medio infinito.
No sé porqué, pero desde que tomo el nuevo tratamiento tengo pesadillas a diario.
Ignoro qué significan, apenas si las recuerdo en el momento de despertar aunque se desvanecen sutilmente conforme voy recuperando la conciencia. Sólo sé que la almohada suele amanecer húmeda y hay rastros de lágrimas en mis mejillas.
He pensado en poner algún medio a mi alcance para recuperar esos sueños mientras aún circulan entre mis pensamientos, pero no sé si tendré el suficiente ánimo para transcribirlas en un cuaderno o dictarlas en una grabadora. Quizá no sea mala idea y pueda al menos recordar de qué colores se visten mis sueños.

sábado, 28 de marzo de 2009

El séptimo sentido


A fin de cuentas, todo es un chiste.
Charles Chaplin
.


Jo, he estado a punto de llamarlo "el sexto", pero luego me he dado cuenta que eso de ver muertos en ocasiones es casi una prerrogativa de mi profesión.

Números aparte, y obviando los miles de sentidos cotidianos a los que nos aferramos para sobrevivir (sentido de pertenencia, del ritmo, del equilibrio...) yo quiero referirme al que me ha hecho mantenerme en pie estas últimas semanas: el sentido del humor.

Nietzsche lo describió como una especie de catarsis: «El hombre sufre tan profundamente que ha debido inventar la risa».

Vale; es una huida, una manera de eludir momentáneamente la responsabilidad, pero ésta que escribe, cual cariátide que adorna su perfil, casi llega al punto de ruptura.

No me quejo. Asumo lo que tengo y lo que soy. Pero ¿no es lícito tratar de responder a la sobrecarga emocional con un poco de optimismo? Sobre todo, cuando el objeto de burla es una misma.
Sé que soy sarcástica, y que ha veces pierdo el sentido de la mesura, pero prefiero hacer caso de mi sentido del ridículo antes que caer en la autoconmiseración.
¿Alguie le ve el sentido a esto?

viernes, 6 de marzo de 2009

La maldición de Sísifo



Sísifo, el más astuto de los hombres, fue condenado por engañar a los dioses a transportar una piedra sobre sus hombros hasta la cima de una ladera. Pero su castigo no acaba aquí. Maldecido, habría de ver impotente como la roca cae hasta el punto de partida y se ve obligado a cargar con ella una y otra y otra vez en un ciclo absurdo.

Algunos autores, como Albert Camus, han visto en esta obra el paradigma del esfuerzo inútil. El trabajo idiota del hombre moderno que, atrapado en un círculo del que no puede salir, se esfuerza incesantemente en vano.

Pero yo creo que la verdadera maldición del personaje griego es aún más cruel. El terrible dolor del castigo no está en la futilidad del esfuerzo sobrehumano por transportar la roca, sino en ese preciso y minúsculo instante de tiempo en el que Sísifo ha llegado a la cima y, justo antes de la caida de la piedra, elevando su rostro ciego al sol que asoma por el horizonte y sintiendo su primera calidez en la piel, aún conserva la ínfima ilusión de haber logrado escapar de su condena.

domingo, 18 de enero de 2009

La Princesa del Guisante


Cuentan los viejos que la soberana del Antiguo Reino buscaba una princesa que fuera auténtica para casar con ella a su heredero.
Cuando una noche de tormenta llamó al castillo una muchacha empapada afirmando ser una princesa extraviada, la reina decidió comprobarlo colocando un guisante bajo veinte colchones y haciendo que la extraña durmiera sobre ellos.
Al despertar a la mañana siguiente, la muchacha se quejó de las durezas insoportables que no la habían dejado dormir, revelando así la delicadeza de su piel y su verdadera condición de princesa.

Estamos tan acostumbrados a las matanzas en el mundo, a las enfermedades o las catástrofes que hemos convertido la conciencia, la solidaridad, la caridad en ese pequeño guisante asfixiado bajo capas de comodidad, autocomplacencia e insensibilidad.
Nos conformamos muchas veces con vacuos gestos grandilocuentes destinados más a propagar la imagen de solidarios que a ejercer realmente como tales.
Organizamos multitudinarias manifestaciones contra el bombardeo en la franja de Gaza , mientras subrepticiamente rogamos por que nos saquen en la tele junto a ese actor que mola tanto y que lleva la pancarta a nuestro lado. Nos colocamos lazos de mil colores para demostrar lo cool que somos apoyando las campañas contra las maléficas enfermedades que diezman el tercer mundo, pero jamás hemos donado un mísero céntimo para vacunas, medicinas o alimentos. Escribimos airadas cartas a los diarios denunciando las condiciones de repatriación de los pobres inmigrantes ilegales, pero volvemos la cabeza en los semáforos cuando el polaco o subsahariano de turno nos tamborilean la ventanilla del coche.

Pero aún no he perdido del todo la esperanza en la bondad el hombre. Son pocas, pero ahí están: personas anónimas que no tiene reparos en participar en montones y montones de actividades que, aunque pudiéran parecer fútiles, alcanzan y llenan mucho más de lo que se pueda imaginar.

L. me dió una vez un verdadero ejemplo de humanidad. Estaba recogiendo ropas de abrigo usadas para repartir entre los vendedores de los semáforos que habitualmente ve en su recorrido al trabajo (una insignificancia entre el montón de actividades en las que estaba comprometida) cuando le pregunté que qué pensaba que iba a conseguir con ese minúsculo gesto inútil. Pero ella, sonriendo con esa calidez que la caracterizaba me respondió:
¡Uy! No te creas que soy tan ingenua como para pensar que un abrigo puede cambiar el Mundo. Pero yo creo que cada persona tiene la capacidad de cambiar la pequeña porción de mundo que la rodea. Si todo el mundo fuera capaz de comprender esto, las cosas irían mejor. Y yo estoy tratando de hacer mi parte día a día.

sábado, 2 de agosto de 2008

Matar y Guardar la Ropa

No. No voy a hablar del nuevo libro de Carlos Salem. Aún no he tenido ocasión de perderme en sus páginas, aunque todo llegará.

No. Lo que hoy me ha hecho reflexionar ha sido el insólito título y las reflexiones que ha despertado en mí.

No. No tiene nada que ver con las playas nudistas de la novela, ni con la gente precavida a más no poder. Lo que me ha venido a la mente es lo poco que me gusta la gente a la que no ves venir de frente. La gente que los mata a la chita, callando. La gente que nunca va a opinar de nada hasta que comprueban el clima emocional. La gente que no se moja. La que rezonga a espalda de los demás. La de la puñalada trapera. La que promete el oro y el moro y de la que sólo consigues gato por liebre.
Esa gente que aún se permite el lujo de ofenderse y reclamarte si te enfrentas a ellos -¡Oh! Lamento que mi espalda haya roto tu cuchillo. ¡Que grosería imperdonable!-.

Prefiero los bravos por conocer, que de los supuestos mansos líbreme dios.
Admiro a la gente que va de frente. A los valientes (que no los insensatos). A los que arriesgan por sus principios. A los que son capaces de mirarte a la cara y decir: sí, yo dije eso. A los que siempre se atreven. A los consecuentes. A los honestos...
A los que, en resumen, aún tienes que agradecer -a pesar de todo- ser como son.

Yo necesito adversarios a los que admirar, no de los que alejarme asqueada.

sábado, 21 de junio de 2008

Lo Que Queda Del Día


Nunca he podido tener verdadero respeto por las personas incapaces de mantener una palabra, una promesa, una opinión.
Pones tu confianza, tus expectativas en alguien que constantemente te defrauda. Y al final acaba perdiendo toda la credibilidad y tú la ilusión pueril de que esta vez sea diferente.
Yo creo que hay verdadero honor en mantener los principios, en el compromiso tácito con uno mismo para arrostrar el sacrificio que a veces supone serse fiel.
Claro que es mucho más fácil dejarse arrastrar por la corriente. Pero a la larga, es también mucho menos satisfactorio.
Sin embargo, encuentro una excepción en ser consecuente: los extremismos.
Hay que ser fuerte para mantener la propia ideología, las convicciones, los compromisos...pero no lo bastante como para perder la flexibilidad que algunas circunstancias requieren.
No entiendo a las personas que son capaces de sacrificar la felicidad propia o la ajena, su bienestar o el de otros, por un concepto del orgullo mal entendido.
La vida te enseña que muchas veces hay que agachar la cabeza y ser lo bastante humilde como para reconocer que nos hemos equivocado.
Y no pasa nada: siempre se puede retomar el camino.
Siento lástima de los Stevens que andan por ahí con la cabeza tan alta. No verán las piedras del camino hasta que tropiecen con ellas.

miércoles, 30 de enero de 2008

Love of the Common People


Las cosas están empezando a ponerse malas en el trabajo.
¡Oh! No me refiero en lo personal. Yo sigo disfrutando de mi profesión, en la que soy un miembro bastante bien considerado. De hecho he sido de nuevo invitada a compartir mis conocimientos en una ciudad cercana, al sur de la mía. Además, la comisión de calidad acaba de insertar mis planes de cuidados en la cartera de servicios disponibles. Y he tenido el privilegio de ser la única en mi servicio que ha accedido a un módulo superior a la categoría que me corresponde.

No, la cuestión es que aún no ha acabado el mes y ya son tres las familias desconsoladas por la pérdida o las circunstancias.
Nunca se me ha dado mal servir de apoyo y consuelo. Siempre he logrado encontrar las palabras sinceras y el gesto oportuno para atemperar aunque sea levemente la pena.
Pero esta mala racha no sucedía desde hace mucho tiempo.
Y lo peor es la lista puede verse incrementada pronto.

Quizá porque yo me he visto tantas veces al otro lado del mostrador empatizo mejor con las familias afectadas. Quizá la experiencia personal ayude a valorar mejor el dolor ajeno. Pero me está haciendo cuestionarme algunas cosas.

Yo siempre he tenido la capacidad de separar la vida profesional de la personal. El hecho de despojarme del uniforme de trabajo cerraba mis circuitos lo bastante como para no sentirme afectada por las miserias de la enfermedad.
Pero ya son demasiadas de mis niñas. Tres se han ido. Otra padece un coma irreversible y un par de ellas más comienzan a manifestar complicaciones renales.

Quizá como en la canción de Golpes Bajos sean malo tiempos para la lírica. Pero aunque cada vez pago un peaje más alto, allí seguiré, decidida a compartir el dolor y el amor de mi gente corriente, de mi gente especial.


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viernes, 4 de enero de 2008

Proposiciones

Nunca me han gustado los planes a largo plazo,
ni los propósitos inalcanzables de cada Año Nuevo.
Prefiero evitar las derrotas y sinsabores.
Este año sólo quiero una cosa:
Que no se pierda mi Memoria.


Propongo un alto, un privilegio ciego,
Un voto de confianza para hacer el amor.
Propongo un sismo en la valoración,
Un día, con la verdad, ir donde haya que ir.
Y que las noches no sean detenidas
Y que ni un parque se salve de la plaga:
Que no envejezca un lecho en soledades,
Que ni una sábana se quede sin historia,
Ni un solo cuerpo fuera del precipicio:
Que ni un guerrero se quede sin su gloria.

Propongo ver en los antepasados,
Hechos a duras penas,
Rotos por sus viejas mentiras.
Propongo un sismo en la valoración
Ahora que se inauguran las fechas de la acción.
Propongo el ruido de cuerpos a la gente,
Propongo guerra sin tregua a las iglesias,
Propongo un hombre de altar, enmudecido
Sobre la arena caliente de este tiempo.
Propongo días distintos a los días
Para seguir amando este momento.



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miércoles, 31 de octubre de 2007

Hope and Memory



Hoy he tenido el día melancólico.
Pero no, nada de tristeza. Más bien ha sido como el despertar de un sueño, y comprobar que las cosas cotidianas, familiares, cómodas, estaban dónde tenían que estar.
Será que hoy por fin me he sentido bien por primera vez desde que enfermé hace una semana. Será lo que me gusta el cambio de horario invernal. Será el color de la tarde cristalino, desvaneciéndose, mientras sostengo un café al otro lado del frio cristal.
Han vuelto los puestos de castañas. Y el humo por las chimeneas. Y el cambio de ropa de temporada. Y arrebujarse calentitos en la cama con la compañía de un buen libro.
Ha llegado la hora de recojer, hacer balance, empezar a prepararlo todo para el siguiente año. Recordar...
No me puedo quejar, la verdad. Estoy justo donde tenía que estar.
Y si por el camino he perdido algo, no voy a poner las culpas donde no correspondan.
También he ganado cosas. He ganado en ilusión. He ganado en diversión. He ganado en madurez -¿quién decía que a estas alturas de la vida no se aprende?- y en tranquilidad de espíritu.
He llenado las cajas de mis recuerdos con los más preciosos objetos.
Y a su lado guardo los recordatorios que me hicieron sufrir con la misma avaricia que si fueran joyas.
No quiero desprenderme de nada, porque el año que viene, como estoy ahora a punto de hacer, abriré el equipaje y comprobaré que sigo viva.

Estoy bien. Estoy muy bien. Y me gusta.

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jueves, 11 de octubre de 2007

Beautiful Girls


Hace ya algunos meses que la Comisión de Calidad Asistencial aprobó el Plan de Cuidados estandarizados que realicé para el L.E.S. Y a la vuelta de las vacaciones me he encontrado con la grata sorpresa que ya se está utilizando el formato para los registros diarios.
Además, los congresos especializados y las mesas redondas siguen llamando a mi puerta.
No me puedo quejar; es la satisfacción del reconocimiento a la propia valía.
¡Y es bueno! Saber que en la profesión que has escogido y te gusta mereces cierta consideración, aunque sólo sea en un círculo muy limitado ayuda a recordar y corroborar ciertas decisiones.

Pero mi trabajo no es sólo académico.
Anoche una de mis preciosas niñas lúpicas me conmovió mucho más de lo habitual.
¿Cómo se consuela a una joven de 14 años a quien ha abandonado el noviete por el temor a la carga de una enfermedad desconocida? ¿Cómo cuando su preciosa belleza desaparece bajo las lesiones y la alopecia? ¿Qué puede redimirlas de una vida de revisiones, pruebas invasivas, dependencia de un tratamiento...?
Pero a veces mi profesión te recompensa de la mejor forma posible: no cambio todos los laureles del mundo por el abrazo que me dieron ayer.

Recordadlo, chicas: digan lo que digan siempre seguiréis siendo preciosas.

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lunes, 1 de octubre de 2007

Cambiar el Mundo.



Llueve. Al fin ...
Y cada gota arrastra una parte que estaba deseando lavar, la parte que el desánimo, la desidia, el dolor me lastiman cada año.
Hoy retomo mi vida tal y como me gusta que sea, con su orden y su caos, sus alientos y decepciones, sus rutinas y sus excentricidades, el trabajo, las amigas, las celebraciones robadas al tiempo, las ponencias a contrarreloj, los planes, los libros, las noches, las charlas...
Nada volverá a ser como solía; nunca lo es.
Pero no me importa.
Sé que el desgaste es imperceptible, pero estoy tranquila, tengo recursos.
Y aunque no necesite cambiar el Mundo entero, me basta con saber que soy capaz de recobrarme con la elegancia suficiente que el acuerdo tácito conmigo misma me exige.

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jueves, 23 de agosto de 2007

Tomorrow


Anoche apenas pude pegar ojo.
Los recuerdos de aquella madrugada se complacen en atormentarme cada año.
Pero ya llegó la mañana.

Hoy está siendo un día raro. Y quizá sea verdad que nuestro cuerpo responde a las carencias de nuestra alma. Pero pareciera que todo conspirara para derrotarme. Incluidos los accidentes domésticos a los que soy tan propensa, jaja.
Pero el día se va pasando.

Y en el horizonte de mi expectativa, Mañana ya comienza a perfilarse.
Y puedes apostar tu último céntimo, que pase lo que pase, Mañana llegará.

miércoles, 4 de julio de 2007

Aracnofobia


Vale, lo reconozco, tengo un terror atávico a los bichos y en especial a las arañas. Será por esa manera de andar tan imprevisible, será por el aspecto frágil y aterrador a la vez, o por el instinto que llevamos impreso en los genes de supervivencia. No lo sé, pero una araña enorme y de larguísimas patas ha conseguido hacerme correr.
Es curioso el miedo: te paraliza el primer segundo mientras todo tu ser te insta a salir huyendo del peligro. Te desboca el corazón, abre tus ojos y baja la temperatura.
Yo conozco de cerca el miedo; ha sido mi compañero innumerables ocasiones. Y no suele llegar solo.
Hoy estoy desanimada, lo sé. Llevo unos días deslizándome por las dudas, la incertidumbre y el miedo a hacer lo incorrecto. Me asomo a mi alrededor y sólo veo la oscuridad insondable. Trato de poner fin a una situación insostenible, pero ni con todos los consejos del mundo logro un poco de iluminación.
Me siento en el centro de la tela, apresada por la costumbre, los viejos hábitos, el rescoldo de lo que fue...Y los sentimientos opuestos, tirando de mí en diferentes direcciones.
Nunca fue tan cierto que en las horas de necesidad uno siempre está solo. Igual que hoy frente a la araña.
Pero...ah, cuento con mi orgullo. Quienes me conocen sabe que nunca me daré por vencida. Aunque tenga que sobreponerme al temor o la repugnancia, aplastaré a ese maldito bicho se deje o no. Con la araña lo logré.

miércoles, 13 de junio de 2007

Summer in the city


Otro giro de la rueda de las estaciones, y el verano llegó. Y con él el calor sofocante, la desidia del alma, el temor.
Abren las terrazas de los bares, la calle se llena de sonidos mágicos y de personas, alegres en sus festivos atuendos de colores refrescantes, la luz se alarga cada vez más...Pero yo lo odio.
Aquí estoy, a la espectativa de lo que nos deparará este año.

Cada verano anterior se ha definido por su crueldad. No es la estación que me trae más suerte, ya lo tengo comprobado. Pero estos últimos años parece haberse cebado especialmente en mí.
Nunca fuí dada a generalizar, aunque ¿quién no lo haría en mi caso? Accidentes, tragedias, dolor casi imposible de soportar, y tanto y tanto sufrimiento.
Sus cicatrices no desaparecen tan fácilmente.
Y al cansancio físico se añade el cansancio del alma.

Pero este año, tengo que dejar todo eso atrás.
De momento, los planes están saliendo bien. Si los hados me sonríen, este verano será un verano para recordar.

Planes alegres, planes locos, apurar las oportunidades hasta el fin...¡Tantas cosas para exorcizar viejos demonios!
¡Y siempre me han traido suerte los años impares!


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viernes, 11 de mayo de 2007

Al este del Edén


Escoges una vida. Escoges un camino y lo llenas de amigos y familia. Escoges una profesión con lo que conlleva. Escoges una relación con sus altos y sus bajos. Escoges una diversión...Y te acomodas.
Pero...de repente un hecho extraño voltea tu aparentemente pacífica existencia y desapareces de tu mundo construido de esas pequeñas cosas cotidianas que te dan esa característica sensación de seguridad, a las que te aferras diariamente para mantener la ilusión de cordura.
Y te das cuenta que al fin y al cabo no se está tan mal. Que el Mundo sigue ocupado en sus pequeños quehaceres sin preocuparse mucho de tu ausencia, pero también tú sigues y sigues sin preocuparte del Resto del Mundo lo que, para variar, es una experiencia tremendamente refrescante.
Yo soy un animal social ¡No permita el Cielo que eso me falte!.
Pero ahora sé que también hay vida, aunque sea interior, fuera del Paraiso. Y que merece la pena visitarla de vez en cuando.

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miércoles, 25 de abril de 2007

Corazón de tiza




Qué placer inesperado cuando una palabra, un gesto, se convierten en una poderosa fuerza que arrastra el pesar, convirtiéndolo en algo lejano, cambiante, cual lisérgica pesadilla de la que emerges tembloroso, empapado, pero más vivo que nunca.
Y no me resulta fácil reconocer cuánto lo necesitaba. Pero el orgullo es un cruel tirano.
Mark Twain dijo:
Para lograr todo el valor de una alegría has de tener con quien repetirla.
No sabía lo que tenía. Ahora, si.


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Compañeros de viaje