
Hace ya algunos meses que la Comisión de Calidad Asistencial aprobó el Plan de Cuidados estandarizados que realicé para el L.E.S. Y a la vuelta de las vacaciones me he encontrado con la grata sorpresa que ya se está utilizando el formato para los registros diarios.
Además, los congresos especializados y las mesas redondas siguen llamando a mi puerta.
No me puedo quejar; es la satisfacción del reconocimiento a la propia valía.
¡Y es bueno! Saber que en la profesión que has escogido y te gusta mereces cierta consideración, aunque sólo sea en un círculo muy limitado ayuda a recordar y corroborar ciertas decisiones.
Pero mi trabajo no es sólo académico.
Anoche una de mis preciosas niñas lúpicas me conmovió mucho más de lo habitual.
¿Cómo se consuela a una joven de 14 años a quien ha abandonado el noviete por el temor a la carga de una enfermedad desconocida? ¿Cómo cuando su preciosa belleza desaparece bajo las lesiones y la alopecia? ¿Qué puede redimirlas de una vida de revisiones, pruebas invasivas, dependencia de un tratamiento...?
Pero a veces mi profesión te recompensa de la mejor forma posible: no cambio todos los laureles del mundo por el abrazo que me dieron ayer.
Recordadlo, chicas: digan lo que digan siempre seguiréis siendo preciosas.
¿Quieres oirla?


