
No soy una gran consumidora de productos televisivos ni siquiera en las largas horas de guardias. Salvando las películas y algunas series de gran calidad mi relación con la caja tonta se limita a las noticias y a la información meteorológica durante la cena como preludio del devedé seleccionado para pasar la sobremesa.
Hace algunas noches, y al acabar la peli, cambié accidentalmente el canal de vídeo del televisor por el de una emisora autonómica.
En pantalla, una señorita extranjera, gabacha para más señas, trataba de hacer reir a los expectadores mostrando una lista de famosos compositores, escritores y artistas, fallecidos siglos ha, y sus poco conocidas tendencias a las desviaciones sexuales.
El conductor del programa cuyo nombre lleva, un joven andaluz salido de un oscuro programa de humor y denunciado en los medios por plagiar monólogos, metía baza constantemente utilizando expresiones locales de tan zafio mal gusto que la sexóloga sólo podía fingir que se tronchaba de risa a pesar de que era obvio que no entendía ni palabra. Además, el buen mozo, alardeando de acento, exageraba tanto la pronunciación que hasta a mí me costaba entender algunas palabras.
Y mira que yo soy ultradefensora del dialecto andaluz -que me encanta en muchas de sus variantes- y su proyección, pero creo que en un programa público deberían mantenerse unas ciertas normas lingüísticas.
Como gracia estaba bien para esoh marditoh roedoreh, pero ya está bien.
Si me quedé mirando el dantesco espectáculo fue porque mi mente se negaba a creer que los responsables de una cadena pública hubieran confiado la dirección de un programa en prime time a un señor -vale que es licenciado en periodismo- que aparentemente no sólo no sabe hilvanar una frase sin licencias escatológicas sino que de forma descarada trata de explotar la gracia del acento y el chascarrillo andaluz con un resultado tal que yo sentí vergüenza ajena.
¿Es eso lo que somos? ¿Los payasos de España? ¿Esa es la imagen que la cadena desea promocionar? ¿Es que Andalucía no posee cultura de calidad?
Está claro que no.
Pocas veces, por no decir nunca, he tenido la fortuna de ver un monográfico andaluz acerca de alguno de nuestros mayores y mejores representantes de la grandeza de nuestra tierra. Picasso, Bécquer, J.R.Jiménez, Machado, Velázquez, Romero de Torres, Cernuda, Góngora, Valdés Leal, Juan Rufo...
Aquí la cultura se escribe con F de flamenco, con G de gastronomía típica, con T de toros y con C de catetos.
Espero que algún día seamos algo más que un montonazo de tópicos.
Mientras tanto, por lo visto el buen gusto se acaba en Despeñaperros.




