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martes, 19 de mayo de 2009

Kamikazes de la 3º edad




Recuerdo que mi infancia estuvo marcada por dos pilares fundamentales: las normas y el respeto. Aunque casi pudiéramos fundirlas en uno solo puesto que la mayoría de las normas iban encaminadas a lograr que la díscola juventud de los !locos! sesenta respetara por encima de todas las cosas a su Dios, su Caudillo, su sociedad, sus padres y a sus mayores.

Tan arraigadas estaban estas normas que incluso ahora, que he alcanzado el ecuador razonable de mi vida, no soy capaz de resistirme a ceder el asiento en el autobús a un anciano, a ofrecerme a cruzar por un paso de cebra a un discapacitado, a ayudar a esa viejita gruñona del quinto a llevar sus compras, a tratar con dulzura a los abuelitos en el hospital.

Pero existen terroríficas excepciones...
Hace dos mañanas aguardaba con paciencia de mártir mi turno en el banco; desproporcionado desde mi punto de vista habiendo cuenta la misérrima cantidad a ingresar. Como me han enseñado, y visto el humor que gastaba el ganado esa mañana (Lunes de Resaca de la Feria local) pedí turno y me aseguré de colocarme en la cola correcta fuera a ser que perdiera más tiempo tontamente.

La gente seguía llegando; todos ordenados disciplinadamente hasta que llegó ELLA: setentaytantos, gafas de Rompetechos, carro de la compra sin dirección asistida y una determinación en el gesto que ya quisiera para sí Morante de la Puebla.
La buena moza, arrollando más de un tobillo y con cara de no haber roto un plato en la vida, comienza a driblar a los de la fila y como la que no quiere la cosa, se coloca estratégicamente junto al mostrador, bien entrada la línea de cortesía que (apenas) garantiza la confidencialidad. Con la mala suerte que la siguiente para atender era yo.
El señor que está detrás mía me da un toquecito en el hombro:-¿Va con usted? Porque parece que se cuela del tirón.

Al oír la palabra "colarse" un murmullo y una ola de inquietud recorre la fila. Se oyen protestas y una voz, en sottovoce me dice: es la Maleni. En tos laos hace los mismo.
Un coro indignado farfulla imprecaciones mientras la Maleni hace oídos sordos y saca la cartilla para entregársela al empleado.
Pero junto cuando va a soltarla me acerco y le digo:
-Disculpe, señora ¿Necesita hacerle alguna pregunta al cajero?

Se nota que la he pillado fuera de juego, porque durante el tiempo de un latido se queda callada. Aunque se recupera inmediatamente.
-¡Eh, no! Pero acabo en un momento.
-Disculpe de nuevo, pero no es su turno.- Contraataco.
-¿Pero qué hablas? Yo he llegado antes que tú, niñata.
-Disculpe. No sólo no ha llegado antes que yo sino que cuando a intentado pasar le he explicado qué cola es la de la caja y cuál la de las oficinas.
-¡Habrase visto qué falta de respeto!- Y levantando la cabeza se pone al final de la fila no sin antes dedicarme un gesto obsceno y arrearme un buen rodillazo al girarse.

Avergonzada por el número, me acerco al cajero quien sonriendo me dice: -Es justo lo que necesitaba: alguien que le parase los pies.

No digo que la buena señora no se lo mereciera, pero lamento haber sido yo la que protagonizara el suceso. Una parte de mí aún se avergüenza por lo que considera una rotura de las normas, sin embargo existen personas que abusan de su posición.
Lo que no sabía doña Rompetechos era que había ido a topar con un miembro del Tercio Español. Y que consideraciones morales aparte, en ocasiones no queda sino batirnos.

6 comentarios:

MacVamp dijo...

Joer con los integrantes de la tercera juventud, como los llama mi padre (que visto lo visto y con sus 72 añejos, ya es parte de ellos, hahaha).

No sé si sea una apreciación mía, pero creo que hemos llegado a un punto que tanto niños como mayores actúan "impunemente" con mala educación y sin miramientos porque todo se les perdona "por la edad": los unos porque son pequeños y nada saben de la vida y los otros porque ya están más allá del bien y del mal y ya han vivido lo suyo. Y entre unos y otros, los que estamos en el punto intermedio, por así llamarlo, pasamos las de Caín :P

Aunque a veces, qué bien que hay gente como tú que sin temblarles la mano, ponen los puntos sobre las íes ;-)

Besazos,
Mac

Cris dijo...

Pues muy bien hecho, Eli!!! Esa mujer necesitaba que alguien le parase los pies, y no debes avergonzarte de ello. Sería ella, quien verdaderamente debería avergonzarse de su actitud.
Muchos besos.

Lenka dijo...

Eli, entiendo que cuando alguien ha recibido una esmerada educación estas cosas atraganten, incluso cuando se tiene la convicción de tener la razón de nuestra parte. Pero nena, es que es así. Es que seguramente esta señora también fue bien educada. Y si no lo fue, tiempo ha tenido de desasnarse. Es una grosera y lo sabe, porque su única defensa es "ser vieja" y abusar de ese respeto que en teoría se le debe por su edad.

Pero el respeto ha de ser mutuo. Si ella no es educada pierde todo el derecho a la consideración. Es como pretender inculcar en un niño un lenguaje adecuado soltándole taco tras taco. Menudo ejemplo. Además, qué diablos, igual que es negativo consentir a un niño, es negativo consentir a un anciano. En primer lugar porque no tiene la excusa de "no saber" (salvo que esté senil, y no parece el caso). Y en segundo lugar, porque tal y como está el patio un día se puede encontrar con alguien que le plante cara a la mala y le monte una escena sumamente desagradable o incluso subida de tono, violenta. Lo mismo un día en la cola del bus da con un neonazi bestia parda y ñu que le escupe en la cara, la insulta o le mete un empujón (lo cual sería injustificable por burra que se ponga la Maleni). Pero en cambio tu reacción fue justa y proporcionada. Y educada. Y ella lo sabe, vamos que sí. Lo que le jode es que la pillaran en falta y tuvieran el valor de afeárselo. Los que se callaron no son más educados que tú, créeme. La cobardía no es más que eso, no implica que seamos mejores.

A lo mejor le has hecho un favor y la próxima vez se lo piensa, calculando que lo mismo otro día da con una con peores pulgas que tú y le mete un paraguazo. Míralo así, que lo mismo le has salvado la vida!! Igual aprende la lección.
;)

Jose dijo...

No has roto las normas Eli, las has seguido aplicando. Has defendido lo correcto con educación y respeto. Que una persona sea mayor no le da derecho divino a saltarse, precisamente, las normas. Y que leñes, ¡que un buen escarmiento de vez en cuando viene bien a la gente!

besos!

Alberich dijo...

Hiciste bien Eli!!
Q no te coma la inquietud moral, jeje

Ado dijo...

Pues a mi remordimiento ni uno, y a ti menos. De esas hay por todos lados, y creo que mas de uno nos hemos cruzado con ellos.
Ole por ti y por plantarle cara.

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