
No pretendo presumir de
annus horribili en exclusividad ¡válgame el cielo tamaña insolencia! pero después de las incómodas vivencias con que el 2009 ha tenido a bien regalarme no podía sino compensarme acabando el año con una celebración llena de entusiasmo y alegría.
No ha sido más que una reunión de buenas amigas que se quieren mucho y se ven de higos a brevas, pero en su modestia ha radicado su grandiosidad, porque sin proponerlo ni planearlo el fin de semana nos ha salido redondo.
Muchas gracias a Cris, Dhwilinel, RedSonja y Amilos por su visita. Muchas gracias también a Jose por compartir la responsabilidad del cicerone y por fregar la olla de los espaguetis. Y gracias también a Seni por sus anécdotas que siempre nos hacen reír. Y un beso para Víctor, al que conocimos por fin.
Hemos tenido de todo: enormes abrazos de reencuentro, comida casera, música, dulces tradicionales, charlas infinitas, dolor de pies, visitas culturales y muchas horas de coche.
El Viernes, por ser día de llegadas escalonadas, nos quedamos en Sevilla paseando por sus calles iluminadas con la ilusión de las Navidades venideras, aunque previamente pudimos degustar un perfecto almuerzo casero improvisado sobre la marcha. El tiempo fue benévolo y disfrutamos de las calles llenas de gente, alegría y enormes paquetes de regalos. Entramos en las confiterías más tradicionales y no nos fuimos con las manos vacías.
Llamadas al móvil, citas y aeropuertos, y a la hora de la cena todos estábamos cálidamente acomodados frente a una buena colección de platos exquisitos.
Por cierto, que me estoy pensando seriamente la idea esa de abrir un blog de recetas entre todos, jeje.
El Sábado amaneció soleado aunque frío. Tiramos millas en la Manzanita y más pronto que canta un gallo nos plantamos en Córdoba Sultana.
Impresionante la visita a la Mezquita. Casi toda la mañana se nos fue en su contemplación. Pero el hambre azuzaba y en plena Judería gozamos de las delicias de la comida mozárabe más tradicional en un precioso patio ajardinado (Dios bendiga las estufas) y acabamos con unas degustación de dulces y tes en uno de los lugares más bonitos de la capital.
Nuestro recorrido por las estrechas callejuelas nos llevó a través de las tres culturas convergentes en la ciudad: la romana, representada por el estoico Séneca; la musulmana con su más flamante representante Averroes ;y judía, con la influencia universal de Maimónides.
El frío del ocaso se nos echaba encima. Era hora de volver.
Conseguimos ¡oh, milagro! reserva para cenar en un sitio céntrico y de vuelta a llenar las barriguitas.
No tuvimos mucha suerte con las copas. A pesar de que conseguimos un lugar donde aposentarnos, se trataba de la azotea del hotel Eme Fusión desde donde gozábamos de la mejor vista sobre la Catedral y la Giralda casi tanto como del relente nocturno que nos obligó a huir del frío.
El Domingo se presentó gris y desapacible. Tal vez no fuera el mejor día para visitar el Parque de María Luisa y el Museo Arqueológico, pero no nos podíamos perder la exposición del Tesoro del Carambolo, máxima muestra de la cultura tartésica de la zona.
Además, mal que le pese a Red, visitamos salas y salas de restos romanos. A ver ¿qué esperabas encontrar en la mismísima cuna imperial de Trajano y Adriano?
Las horas de salida estaban escalonadas, así que un bocado rápido en el Vip's (que parece haberse convertido en tradición de las quedadas, jeje) y a llevar a Cris a la estación de tren.
Como siempre, la despedida fue emocionada. Nuestras manos no dejaban de decir adiós mientras Cris se hacía cada vez más pequeñita.
Necesitábamos entrar en calor urgentemente. Puesto que Red y Dhwi no se iban hasta las nueve de la noche llegó la hora de despedirnos también de Amilos y Jose.
Nosotras tres nos dirigimos a casa para una merienda reparadora (¡y otra vez comiendo!).
Nos sentamos a ver una peli. Se trataba de un capítulo dirigido por Tim Burton de una serie de cuentos infantiles producida por Shelley Duvall (la canija llorona de
El resplandor) Lo más flipante fue distinguir el estilo burtoniano entre toda la estética Kitsch y ochentera de la peli.
La experiencia no tiene comparación.
Llegó la hora de la despedida definitiva: se fueron las chicas y creo que por fin me senté a descansar en condiciones por primera vez en todo el finde. Pero mereció la pena la paliza. Palabrita.
¡Ah, antes de que se me olvide!
Cris, Dhwi:
QUEREMOS VER LAS FOTOS YAAAA...