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viernes, 4 de diciembre de 2009

Tá fáilte romhat, Caillech!


Cuando la nieve y la oscuridad se ciernen sobre sobre lo más profundo de los bosques escoceses llega la hora de los cuentos. El venerable abuelo, sentado junto al fuego del hogar, vuelve a llenar de magia la imaginación de los niños.

A Caillech se la conoce con el nombre de Reina de las Nieves. De ella se dice que es fría e implacable, de larga melena blanca y labios azulados y que conduce un trineo blanco arrastrado por dos corceles a través del solitario invierno. En realidad Caillech es una Diosa mucho más antigua, siendo considerada la 1º Diosa primigenia de la muerte y el renacimiento, el invierno y la sabiduría.

El invierno trae consigo días grises, frío y nieve. Los pájaros emigran hacia tierras más cálidas y los árboles se quedan sin hojas. Es entonces cuando las hadas del invierno emprenden una intensa actividad. Se ocupan cuidadosamente de los árboles y las plantas perennes, como el pino o el boj, y los revifican con su energía espiritual, y previenen o reparan los daños que pueden ocasionar la nieve y el frío en los arbustos más frágiles. Al igual que las hadas de otras estaciones, las del invierno están perfectamente preparadas para su tarea, e incluso sus vestidos se confunden con los colores de la vegetación invernal. Desde los limpios tonos blancuzcos de las hadas del lirio de invierno y del endrino, los amarillos de los elfos del tejo y de la pequeña hada del bonetero, y el violáceo del elfo de la ortiga muerta. Y es que los colores que lucen las hadas y los elfos del invierno se corresponden con los de las plantas y las flores a los que están vinculados.
Pero entre todos ellos destacan de una manera especial el hada del árbol de Yule y el elfo del acebo como los más representativos del solsticio de invierno. La noche del 22 de diciembre, el hada del árbol de Yule llevando una varita luminosa en la mano, encabeza el cortejo del carnaval de invierno del país de las hadas. Las demás llevan ramas de abeto y entonan sus cánticos excepto el hada del bonetero y el elfo del tejo, que iluminan con velas la oscuridad entre la maleza, y el elfo del acebo que, vestido como un bufón errante, con campanillas en el gorro y los zapatos, distraen a la comitiva con juegos malabares. Las hadas patinan sobre los helados charcos, construidos por las hadas de los hielos, y beben un sabroso té a la menta para entrar en calor. Las más jóvenes se lanzan bolas de nieve del tamaño de un guisante y juegan a espantarse con ramitas de muérdago. Caillech deja el inframundo para traer el invierno a la tierra, relevando a Carlin en el gobierno de la naturaleza.
Poco a poco, el paisaje otoñal va dejando paso a los vientos fríos, la escarcha y los hielos del invierno. Las altas cumbres se cubren de nieve y todo parece entrar en un profundo letargo hasta el despertar del Beltane, la festividad del fuego. Cada año, el llegar del invierno es un momento mágico y hermoso. El suelo se endurece con el hielo y Caillech se adueña de los campos y de las montañas silenciosas, solo perturbadas por el silbido del viento, y cubre el paisaje con un manto blanco.

5 comentarios:

Jose dijo...

¡Que manera más bonita de volver al mundo bloggeril! Leyendo esto te dan ganas de revolcarte en la nieve y de que llegue el invierno con su frio, olvidandote que en la vida real quien te recuerda que ha llegado la navidad es Raphael y Paloma San Basilio!!jaja!!

JR dijo...

muy bonito!!!!!

Lenka dijo...

Qué tendrán el frío y la nieve que nos ponen a todos tan poéticos???

Preciosa la historia de Caillech.

;)

MacVamp dijo...

Ainss, el invierno ;-)

Cris dijo...

Me ha encantado esta historia de Caillech. Es muy bonita!!!

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