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viernes, 9 de noviembre de 2007

Bocados de Realidad.


Estoy íntimamente convencida de que hay una buena razón para que nos despertemos de un sueño justo antes de llegar a su culmen, y que tiene que ver con la lucha entre el Ello y el SuperYo Freudianos.
Hace mucho ya que no tengo pesadillas. Sin embargo mis sueños nunca dejan de provocarme la sensación de disconfort, de inquietud por cosas que quizá no deberían estar pasando. Aunque no sean aterradores, siguen siendo perturbadores.
A lo mejor esta es la razón de que me despierte antes de que sufra mi cordura, jeje.
Anoche tuve un sueño casi post apocalíptico con un amigo. Y no es que fuera explícitamente sexual, pero había cierta tensión. Y naturalmente, -no sé si estoy aliviada o frustrada-o me despierto sobresaltada o simplemente los caminos de la mente se derivan hacia otras aguas más mansas.
Pero lo mismo me ocurre cuando las pesadillas me acosan; nunca acaban, siempre me quedo a un paso del desenlace.
Alguna vez me gustaría tener la oportunidad de disponer del mando a distancia de mi mundo onírico. Tener el control, la posibilidad de decidir hasta dónde llegar.
Pero entonces, recuerdo que ni siquiera en el considerado mundo real tenemos total control de nuestros actos. Que la sensación de dominio es tan efímera, tan engañosa como pensar que podemos dominar los sueños.
Y al fin y al cabo ¿qué es la vida?
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

6 comentarios:

Adosinda dijo...

La verdad que fastidia mucho eso de no saber el final, y más si la trama es interesante (pesadilla o no).

Lal dijo...

Me ha encantado esta entrada! tanto el contenido como el continente (niña, qué gusto da leerte...)
De pequeña tenía una pesadilla recurrente, siempre me despertaba gritando antes de la "escena final" pero sin embargo sabía perfectamente como iba a acabar. Yo iba a morir.
Curioso mundo el de los sueños...

Eli dijo...

Curioso, y frustrante.
No puedes dirigirlo, no puedes rebobinar ni pararlo.
Es frustrante tanto si estás disfrutando del sueño como si estás en plena pesadilla.
Y sin embargo ¡cuán liberador es!

Lenka dijo...

Cuando yo era niña podía manejar mis sueños. Si no me gustaban, los cambiaba. Me despertaba a voluntad. O bien seguía durmiendo pero decidía que apareciera un dragón para salvarme del señor malvado. La cosa llegó a tales extremos que soñaba con espejos para saber qué pinta tenía en el sueño, cambiarme el color del pelo y cosas así. Lo único que conseguía era levantarme hecha polvo por las mañanas, agotada y con dolor de cabeza. Con la edad dejé de jugar a eso y me fui desentrenando. Todavía consigo a veces cambiar el curso de un sueño inquietante, pero cada vez me cuesta más. Estoy perdiendo facultades. La parte buena es que duermo mejor, descanso más, consigo apagar esta cabecita y soltar el mando.
Si logras agarrar el mando, Eli, prueba a jugar un rato. Si no te sale, déjate llevar. O confía en ese instinto que te hace despertar justo a tiempo. Quién sabe? Sólo son sueños, como bien dices.

;-)

Cristina dijo...

A mi también me ha pasado. Menuda rabia da no saber como acaba el sueño.

Eli dijo...

Bueno, ya os iré contando cómo me va ;-)

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