
Las musas no existen.
Dante, Milton o el mismísimo Homero se equivocaban al invocarlas. Y Serrat debería dejar de mirar la pintura del techo y pedir hora al especialista si de verdad pretende componer, porque es un hecho científico comprobado que no hay mejor lugar de inspiración que las salas de espera de las consultas médicas.
Una llega y después de saludar al aire (para no faltar a las buenas costumbre) toma asiento en un sofá diseñado para sentirte un ser inferior y cruza las manos como una niña buena.
Algunas veces nos llevamos un libro para matar el tiempo, el Ipod o la Nintendo. O recojemos una revista (generalmente atrasada o de temática especializada que no entiende ni Dios) y la hojeamos indolentemente para demostrar que no estamos escuchando.
Pero la realidad es que estamos al loro de lo que cuenta la choni que nos ha tocado al lado, que va acompañada de la prima de la cuñada de su novio (con la que iba de marcha a los quince) y que retransmite una conversación como si no creyera en las cualidades de la más exquisita Alta Fidelidad.
La última que tuve que oir versaba sobre los teléfonos de consulta de brujas y videntes que presuntamente nos adivinan la buena fortuna, nos libran del "mal fario" o nos garantizan un trabajo millonario y estable o un amor incondicional por la patilla, sin riesgo y sin esfuerzo.
La conversación, salpicada de expresiones como "quilla", "quefuerrte", "mira, mari", "tía, nopuedocontucuerpo" o "nomelopuedodecreer" hacía referencia a una llamada que había hecho la antes mencionada porque "
fijo que ese cabrón me la pega, y como mentere, la guarra esa se queda sin pelo"[sic].
Por lo visto la presunta bruja tuvo una visión: vió agua, un hombre moreno y una mariscada; le cobró cincuenta leurazos por limpiarle el aura y la mandó a la calle con las mismas dudas con las que entró.
Pero la gachona, según decía, no se rindió: entre velas negras, santos contra la pared, perejil, agua bendita y piedras lunares consiguió cosechar la cabellera de la Puri (al menos el mechón que le cupo en la mano).
-¡Pero quilla! ¿De dónde tas sacao tantos videntes?- le pregunta su interlocutora.
-Tía, del tedeté. Si llamas al seiscientos sesenta y seis, seiscientos sesenta y seis, seiscientosesenta y seis te mandan al móvil una lista pa que mires la que más te gusta.
-¿Sí? ¿Y tú a cuál has llamado?
-A toos, tía. A toos
Y es que las brujas ya no son lo que eran. De darnos miedo han pasado a caer en el ridículo. Pero las tecnologías avasallan y las antiguas bolas mágicas no pueden competir con la banda ancha.
Y no digo ninguna barbaridad si mañana llama usted a ese número secreto que le dieron de estranjis pa las duras, y escucha el siguiente mensaje telefónico:
Este es el contestador de Maléfica S.A.
.Si desea adoptar un cuervo obediente que reponde al nombre de Diablo marque cero.
.Si desea un mal de ojo, pulse uno.
.Si desea un maleficio, pulse dos.
.Si desea una transformación, pulse tres.
.Si desea una visión pulse cuatro.
.Si desea...
¡Por Belcebú! A dónde vamos a parar.
Pero ya lo dice el refrán: renovarse o morir.