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miércoles, 31 de marzo de 2010

La ratita presumida


El Corazón tiene razones que la Razón no entiende.
Blas Pascal


La ratita de nuestro cuento era cantidad de guay.
Vivía en un pequeño agujero que había decorado de forma coqueta, trabajaba mucho y duro para conseguir las cositas que hacía que se sintiera bien, tenía muchos amigos con los que realizar escapadas y viajes maravillosos y de vez en cuando se pegaba un buen homenaje culinario con el gusto exquisito que había llegado a cultivar.
Pero a pesar de toda esta apariencia nuestra pequeña ratita no era feliz.
Desde que lo conoció no pudo apartar los ojos del lindo gatito que la tenía embelesada.
Los otros ratoncitos sufrían cuando la veían sufrir. Y hasta una gorda y cínica rata que había vivido mucho y poseía la experiencia de la edad le aconsejaba que se alejara del que sólo quería engullirla después de jugar con ella.

El gato, malicioso, aprovechaba su vulnerabilidad. El juego del gato y el ratón nunca fue tan literal. Y ni todos los ruegos ni consejos consiguieron que la ratita dejara de elevar sus ojos a quien no le convenía.

No sé cómo acabará el cuento.
Pero ahora, los niños cerramos los ojos y rogamos para que la ratita recobre la razón.

Dedicado a mi amiga C. , que no se quiere lo bastante.
Porque nunca es suficiente.

10 comentarios:

Lenka dijo...

Cuántas hemos sido ratitas alguna vez, conscientes de las uñas del gato pero empeñadas en seguir jugando. Sabiendo que sólo nosotras saldremos mal paradas. Tú sabes que yo pasé por eso varias veces y que era lo bastante mema como para repetirlo. A quién se le ocurre repetir el mismo esquema una y otra vez esperando que el resultado sea diferente?? A las ratitas.

Dale un abrazo a C, dile que mande al gato a hacer puñetas y que se aleje de él muy chula meneando la colita. Parece imposible, pero se puede. Si pude yo...

Eli dijo...

Claro que pudiste, cariño. Todas podemos.
Lo más importante es quererlo de verdad, pero cualquier yonqui puede decirnos lo difícil que es desegancharse de una adicción, cuanto más cuando ésta es emocional.
En fin, la rata esa gorda y toda cínica sigue estando disponible para cuando las ratitas la necesiten. Es lo que me han dicho...

Juan dijo...

También hay ratoncitos que se embelesan, no quizás con gatitas, pero sí con lagartas con colmillos de veneno.

En esto de las malas adicciones no nos escapamos los varones.

Eli dijo...

Tienes toda la razón, Juan. Pobres ratoncitos!!!
Además las lagartas, por eso de la sangre fría, son aún más calculadoras.
Pero es que no he encontrado ningún cuento con lagartas... :(

Cris dijo...

A mi me pasó una vez, Eli, con un gato que tu y yo conocemos. No podía mandarlo a paseo, hasta que un día empecé a comprender que primero era yo, que tenía que quereme.
Así que dale un enorme abrazo a C, dile que se quiera, que es muy grande, y que mande a paseo al gato.
Muchos besos.

Eli dijo...

Siempre cuesta trabajito, Cris, pero lo que de verdad cuenta es que al final lo lograste.
Ojalá todo fuera mucho más fácil.

Kaken dijo...

Yo he hecho aguas por todos lados, pero he tenido la suerte de zafarme de este tema, tenía como unas antenitas que detectaban rápidamente el problema. Y me libré.
De otras muchas cosas no, por supuesto, pero de esto sí.
Y es algo en lo que pienso de vez en cuando, y lo hablo con mi pareja, no llego a comprender del todo que, a pesar de mis carencias, lograra evitar ciertos tipos nada convenientes.

Eli, para tu amiga C le deseo lo mejor y le propongo que haga una consulta con un buen psicólogo, que justamente están para eso,para orientar y apoyar en circunstancias difíciles de la vida.
Algunas veces los apoyos de amigos y familia no son suficientes, por muy valiosos que sean, en serio creo que un buen psicólogo puede ayudar y mucho.

Que vaya todo bien, Eli, un bes.

Eli dijo...

Gracias, K.
Estamos de acuerdo en el tema de la ayuda. Sobre todo en el tema de la autoestima.
Te juro que con las cualidades que yo le veo y el buen concepto que tengo de ella no sea capaz de verse a sí misma de una forma un poco más amable.
Tenemos que trabajar eso.
Besos.

Sra de Zafón dijo...

Eli, el otro día te había dejado un comentario pero veo que no ha quedado aquí. Bueno te decía, primero que me gusta mucho tu estilo de contar, y segundo, en plan metáfora sonriente, que a las ratitas que les gustan los gatos perversos mejor se les daría si fuesen a un cursillo de cómo ser un poquito más perras, pero me pongo un poco más seria y me apunto al comentario de Kaken.
Creo que las personas que adictas a otras que, con su estilo, les hacen daño, necesitan ayuda profesional. Salir de uno mismo es lo que más suele costar, y pocas veces un amigo o amiga consiguen ayudarte como es debido.

Muchos besos

Eli dijo...

Gracias por la visita y el comentario, Zafo. Tienes razón en que la ayuda de una amiga no es suficiente, pero tratar de abrirle los ojos es todo lo que yo puedo hacer. El resto, si ella quiere, dependerá de su voluntad. Y ahí es donde entramos las amigas: para apoyar.

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