
Ni siquiera sé cómo empezar: una llamada anoche, y todos los arquetipos comienzan a desmoronarse.
El problema consiste en algo tan simple como un móvil nuevo. Pero ¿qué nos pasa con la edad?
Cuando yo tenía tres años, mi padre era ese hombre grande que fumaba en pipa, que nos subía a lo alto de las literas con una sola mano y al que siempre recordaré montando el belén con los brazos de arcilla hasta el codo.
A los diez, estaba orgullosa de él. Mi papá trabajaba en algo que dejaba boquiabiertas a mis amigas, tenía un lenguaje propio que me enseñó y con el que podía presumir.
A los diecisiete era el colega con el que podía discutir, al que ansiaba parecerme y con el que conspiraba para deshacer las prohibiciones de una madre sobreprotectora.
Con el correr de los años, he ido añorando al padre infalible que tenía. Sin embargo, éste de ahora es más cercano, más entrañable en sus errores y en sus dudas.
Hasta ahora, era uno de mis refugios más importantes. No tomaba ninguna decisión sin exponerle mis dudas, sin escuchar sus opiniones, sin saber que me entendía...Pero sobre todo, estaba orgullosa de que mi padre se sintiera orgulloso de mí.
Pero la vida golpea fuerte; el hombre de roca sufre la erosión de los años, los sentimientos, los infortunios...y un día, sin estridencias, sin grandes alharacas, gota a gota, es en mí en quien él se apoya.
Ahora, me he convertido en la madre de mi papá. Y no es que me queje; pareciera que mi rol de Daemeter se creciera con ello. Pero me hace pensar y mucho, la ternura que ahora me inspira esa figura con la que mi madre nos amenazaba para que nos portáramos bien.
Y no son sólo las nuevas tecnologías las que superan a nuestros mayores. El desarraigo de la familia, las horas de soledad, el miedo al futuro incierto a corto plazo...
No pasa nada, papá. Esta tarde, como otras muchas tardes, allí estaré. Aprenderemos juntos a manejar tu móvil nuevo de última generación ( ¿Y para que demonios quieres tú un móvil con bluetooht? ), dejaré que vuelvas a mimarme con la merienda, le daremos un repaso a la familia y añoraremos a los que se fueron, aunque nunca del todo.
Pero sobre todo, papá, ahuyentaremos juntos todos los miedos, como antes, como siempre.