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miércoles, 6 de junio de 2007

El Largo Adiós


Te fuiste. Y ni todo mi cariño ni toda mi ciencia pudieron evitarlo.

Hacía veinte años que nos conocíamos.

¿Recuerdas cuánto nos reíamos por entonces? La alegría era nuestro estado habitual, cuando aún no sabíamos lo que nos deparaba la vida.

Estuvimos separadas un tiempo, pero nos volvimos a encontrar. Y por un malhadado giro del destino este último año he sido tu amiga, tu cuidadora, tu enfermera.

Tenías sólo 42 años y un amor maravilloso por la vida. Eras una superviviente nata, pero una enfermedad cabrona consiguió doblegarte.

Ahora estoy segura que por fin has vuelto a ser feliz. Y con todo el corazón deseo y confío en que allá en tu Edén privado vuelvas a tener un ángel que te despierte por las mañanas con un beso.

2 comentarios:

Cristina dijo...

Ya verás como allí, en el Edén, encuentra un ángel como el que tuvo aquí.
La vida es muy injusta a veces, eli.
Poco a poco lo irás superando. Y cuano mires hacia atrás, verás todos los momentos buenos que compartisteis juntas.
Aquí estoy eli, para todo lo que quieras. Muchos besos y un abrazo enorme.

Lenka dijo...

Eso es lo que nos queda a los que tenemos mal genio: convertir la rabia en esperanza. Ser tozudos.

Ella, como todos los que se fueron, está en un lugar hermoso, sin dolor, sin enfermedad, sin preocupaciones. En una fiesta interminable, conversando con los filósofos, contemplando las pinturas de los artistas, emocionándose con la música de los genios, coqueteando con los mitos y descubriendo que todas las preguntas tienen respuesta.

Y allí es donde nos esperan hasta que llegue el día en que podamos unirnos a ese banquete sin fin. Por qué no podría ser así? Debe serlo. Ahora recibes los besos desde allí y desde aquí abajo, cariño.

Compañeros de viaje