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lunes, 16 de junio de 2008

La Hoguera de las Vanidades

Termina la Feria del Libro de Madrid y proliferan los comentarios de los visitantes que, aparte de la experiencia cultural, andan como embobados -reconozco que yo también caí en ese frívolo pasatiempo- a la caza del rostro conocido.

La Feria es una maravillosa oportunidad para darse un baño de multitudes contenida éstas por la sabia protección de un mostrador repleto de obras propias y ajenas con la esperanza de alentar con la sonrisa y la pose afectada al desembolso que de otra manera jamás ocurriría.
Los hay que baten récords en una sola tarde -¿fueron 2500 las firmas de Ken Follet?-. Y los hay que atraen a la gente por su carisma, desparpajo o ranking televisivo.
Todos hemos sabido de la presencia allí de Boris Izaguirre, Aída, el juez Garzón, Julián Lagos, Sánchez Dragó, Vázquez Figueroa, Almudena Grandes, Guillermo Fesser, Lorenzo Silva, Francisco Ibáñez, Antonio Mingote, y tantos otros.
Algunos, los profesionales de verdad, viven la experiencia como parte de su trabajo. Tan importante es la promoción como la publicidad. Otros, simple y llanamente superferolíticos de vocación, se exponen como mercadería.
Largas colas esperan frente a las casetas populares mientras los famosos y famosetes soportan los flashes, las peticiones, los saludos y las críticas con la perfecta cara de satisfacción.
Pero hubo un caso que me hizo replantearme mi actitud.
En una de las casetas más solitarias aguardaba Miliki, el antiguo payaso de la tele.
Verlo fue como encontrar a alguien familiar, como un abuelito perdido.
Reconozco que me intimidó su clase, su saber estar: aguardaba con una sonrisa lánguida a que alguien se acercara a comprar o simplemente a hablar de su libro. Pero no perdía la compostura con las fotos o los comentarios de la gente que no paraban de señalarle con el dedo, sin querer otra cosa que el trofeo visual de turno.
Me sentí extrañamente cohibida en su presencia, frente a tamaña serenidad. Parecía tan mayor y vulnerable y a la vez tan digno que fui incapaz de hacer otra cosa más que dedicarle un saludo con la cabeza.
La presencia del resto de escritores dejó de tener significado o importancia para mí.
He decidido que casi prefiero continuar con la imagen mental que poseo de mis autores favoritos, y obviar toda posibilidad de descubrir sus pies de barro.
A no ser que nos inviten a Cenar en la Taberna, claro. ;-)

6 comentarios:

Jose dijo...

Hace unos meses fui a unas jornadas (en Febrero, las jornadas que vino APR a Sevilla) que tenian como eje central "¿Qué nos cabe esperar?", invitando a varias personalidades para que divagaran sobre que ha sido el mundo, que es y que será.

Estaban invitados, a parte de APR, Ana Maria Matute, el juez Garzón, Forges, Iñaki Gabilondo, etc... pero los platos fuertes, las intervenciones que todo el mundo esperaba y ansiaba eran las de Santiago Carrillo y Miliki. Por mala fortuna, ninguno de los dos pudieron asistir por problemas de salud (supongo que la edad no da muchas treguas), pero sin esas dos personas el programa ya se quedó algo vacio.

Siempre es agradable encontrarse con unas canas que tanto han vivido y tanto han sufrido. Te hacen reflexionar y ver todo el circo y la parafernalia que se monta alrededor de ciertas cosas cuando lo que importa de verdad es el corazon de la materia.

Si me hubiera encontrado con Miliki yo si me hubiera acercado, no para hablar de su libro porque no lo he leido, pero si para decirle y agradecerle un par de cosas. Y por ver de cerca esos ojos que tantas cosas tienen que contar sin decir ni una palabra.

Que ganas de acabar los examenes y poder viajar!!

Cris dijo...

Pues si, chicos. Yo hubiera hecho lo mismo. Tenemos que agradecerle muchas cosas, sobretodo los buenos ratos que nos ha hecho pasar.
Jajaja, eli. Si nos invitan a cenar en la Taberna me apunto.
Besos.

Ado dijo...

Es verdad, te daba cosa verlo ahí, esperando, mientras en otras casetas gente que no se si se merece el mismo reconocimiento que él, tenían cola, simplemente porque despertaba el morbillo de la gente.

Eli dijo...

Gracias, chicos por vuestros comentarios.
En realidad el tema no iba sobre un escritor en particular, sino sobre la sensación de vergüenza ajena que sufrí al ver la injusticia de todo ese circo mediático.
Ado, tú me conoces bien ¿a qué jamás antes me habías visto cohibida?

Ado dijo...

Pues la verdad es que no.

JR dijo...

os cuento mi anecdota de la feria del libro: yo con mi cuajo habitaul mirando ojeando los libros en los puestos en los que nohabia mucha gente, estoy mirando uno de Narrativa Fantastica española y cuando me doy cuenta está el autor mirandome fijamente. El pobre hombre tenia pinta de no haber firmado un solo libro en todo el día.
Me dió apuro y por poco le compro el libro. Pero al final solo le hice un comentario simpatico obre la buena pinta que tenía y me fuí cortado, aunque creo que más cortado se quedó él.

Compañeros de viaje