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martes, 21 de octubre de 2008

¡Shhhh...!


Abrió los ojos.
Necesitaba hacerlo para saber dónde se encontraba. Durante los que fueron unos confusos segundos no logró ubicarse. El bendito silencio lo envolvía como una bruma, adormeciendo sus sentidos, embriagándolo de dulce serenidad infinita, colmando su necesidad.
No estaba muy seguro de lo que había ocurrido. Su cuerpo no guardaba registro alguno de actividad pasada, pero estaba cansado, muy cansado. Detrás de sus ojos, un dolor pulsante latía sordo, latente.
El lugar le era completamente desconocido, igual que el cuerpo que yacía a su lado. Las brutales luces de neón que se colaban a través de la escueta ventana reflejaban la humedad de su cuerpo en estridentes colores chirriantes.
Miró sus manos pegajosas; su olor acre, metálico llenó su cabeza. Vagamente tomó conciencia de dónde estaba, de lo que había hecho. No tuvo que mirarla de nuevo para saber que había muerto. No recordaba detalles del frenesí en que se convirtió su impulso. Sólo sabía que mientras la apuñalaba lleno de furia, con el horrible soniquete de su voz atormetándole como un enjambre furioso, no hacía más que repetir:
-Calla. De. Una.Puta Vez...!

2 comentarios:

Jose dijo...

los pelillos como escarpias!!!

Lenka dijo...

Buuuufff!!! Y sabes lo peor, Eli??? Que ese impulso asesino lo hemos sentido todos alguna vez, me juego las dos manos!!! Al menos yo confieso haberlo sentido, porque soy muy celosa de mis silencios. Menos mal que lo dejamos sólo en un impulso, verdad????

Gracias por este escalofriante exorcismo!!!!

Compañeros de viaje