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miércoles, 30 de enero de 2008

Love of the Common People


Las cosas están empezando a ponerse malas en el trabajo.
¡Oh! No me refiero en lo personal. Yo sigo disfrutando de mi profesión, en la que soy un miembro bastante bien considerado. De hecho he sido de nuevo invitada a compartir mis conocimientos en una ciudad cercana, al sur de la mía. Además, la comisión de calidad acaba de insertar mis planes de cuidados en la cartera de servicios disponibles. Y he tenido el privilegio de ser la única en mi servicio que ha accedido a un módulo superior a la categoría que me corresponde.

No, la cuestión es que aún no ha acabado el mes y ya son tres las familias desconsoladas por la pérdida o las circunstancias.
Nunca se me ha dado mal servir de apoyo y consuelo. Siempre he logrado encontrar las palabras sinceras y el gesto oportuno para atemperar aunque sea levemente la pena.
Pero esta mala racha no sucedía desde hace mucho tiempo.
Y lo peor es la lista puede verse incrementada pronto.

Quizá porque yo me he visto tantas veces al otro lado del mostrador empatizo mejor con las familias afectadas. Quizá la experiencia personal ayude a valorar mejor el dolor ajeno. Pero me está haciendo cuestionarme algunas cosas.

Yo siempre he tenido la capacidad de separar la vida profesional de la personal. El hecho de despojarme del uniforme de trabajo cerraba mis circuitos lo bastante como para no sentirme afectada por las miserias de la enfermedad.
Pero ya son demasiadas de mis niñas. Tres se han ido. Otra padece un coma irreversible y un par de ellas más comienzan a manifestar complicaciones renales.

Quizá como en la canción de Golpes Bajos sean malo tiempos para la lírica. Pero aunque cada vez pago un peaje más alto, allí seguiré, decidida a compartir el dolor y el amor de mi gente corriente, de mi gente especial.


¿Quieres oirla?

4 comentarios:

Cristina dijo...

En esta profesión, aunque nos cueste, muchas veces nos llevamos las preocupaciones a casa. Es algo que en determinadas ocasiones no podemos evitar.
Estoy segura que aunque no sepas expresar lo que sientes en esos momentos tan duros a los familiares, ellos te lo agradecerán.
Muchos besos.

Eli dijo...

Gracias por tus palabras, cris, pero los tiros no van por ahí.
A mí nunca me han faltado palabras ni un hombro para apoyar a las familias en un trance tan difícil.
El problema es que me veo obligada a callar ciertas cosas que según mi opinión personal no deberían ser así. Y eso es lo que me jode.

Cristina dijo...

Ayer me lo explicastes, y me he dado cuenta de que las cosas van por otro camino. Siempre ha pasado eso, tenemos que callarnos por algo que vemos injusto. Pero al final uno explota, eli. Cosas así no deberían pasar.

Ado dijo...

Yo sólo puedo decirte ánimo.

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