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sábado, 9 de febrero de 2008

Der Fliegende Holländer


Un extraño buque de velas color sangre. Una maldición. Una figura espectral que causa la desgracia de quienes se lo encuentran. Una dulce chiquilla. Un sacrificio. Una redención.
El libreto de Wagner bebe de las leyendas clásicas de los marineros. El sacrílego capitán cuya soberbia costó la vida de sus pasajeros y su tripulación y que fue condenado a vagar eternamente por los océanos, provocando una muerte espantosa en los que tienen la desdicha de encontrárselo.
Pero en esta historia hay una variante que no se da en todas las versiones de la leyenda. Aquí el capitán tiene permiso para volver cada siete años a tierra con la esperanza de encontrar el amor verdadero que lo redima de sus pecados.

Curiosamente la Historia de la Humanidad está escrita mayoritariamente con sangre, y aquí tenemos un ejemplo. El alma negra del capitán, apegada a lo terrenal, será redimida por un amor desinteresado y fiel. Pero la palabra de la doncella no basta. Será necesario el sacrificio de su sangre, el pacto inmortal.


Esta obra se estrenó el 2 de enero de 1843 en el Teatro de la Corte de Sajonia de Dresde, cosechando un gran éxito. La tensión dramática y musical fluye del contraste entre los personajes del entorno común y los protagonistas, Senta y el Holandés, auténticos héroes románticos sometidos a su destino que sitúan sus ideales y su amor por encima de cualquier convención, ajenos a al mundo de intereses que los rodea. Y será precisamente Senta quien, sacrificándose, ofrecerá su pasión redentora al Holandés de la antigua leyenda recogida por Heine.

La orquesta adquiere con esta obra de Wagner dimensiones de grandeza hasta ahora desconocidas, integrando las voces como parte de un todo. Ya en la Obertura, un auténtico poema sinfónico, el compositor presenta los principales leitmotive que, justamente en esta obra, se manifiestan por vez primera de forma importante. En la estructuración de las distintas partes de El Holandés errante, prescindiendo de números aislados, incluso contando con los célebres monólogo del Holandés, balada de Senta, casi embrión musical de toda la obra, aria de Daland, duos de Senta y Erick… se intuye ya la búsqueda de la melodía infinita anunciando la evolución del futuro Wagner.


La fotografía corresponde a la puesta en escena que la Producción del Teatro Comunale de Bolonia y el Teatro de la Maestranza de Sevilla representan en la actualidad bajo la dirección del director artístico de la ROSS Pedro Halffter.
Los papeles protagonistas están representados por Trond Halstein Moe como el Holandés; Elisabete Matos como Senta; y Walter Fink como Daland, su padre.

¿Quieres oirla?


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2 comentarios:

Alberich dijo...

Qué suerte Eli!
Me tienes q contar q tal,vale?
Disfruta!

Eli dijo...

Te llevaría conmigo, Doc.

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